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Vivir en el campo, casas de madera y piedra

La idea suele ir madurando durante largo tiempo, mientras la ilusión va adquiriendo forma y las preguntas, respuestas. Es que permanecer en la ciudad puede llegar a transformarse en un esfuerzo agobiante que demanda exigencias, sinsabores y un estilo de vida que muchos no desean continuar afrontando. Mudarse al campo, cambiar el estrés urbano por la calma rural, abrazando una experiencia vital absolutamente diferente es una tendencia que gana adeptos durante los últimos años. Existen numerosas maneras de emprender esta aventura, todo depende del objetivo de cada persona, pareja o grupo familiar que decida dar el paso. ¿Qué es lo que se persigue dejando atrás la gran urbe? ¿La búsqueda es únicamente de paz y belleza natural o implica, además, transformaciones más profundas? ¿Será una vida de campo con todas las letras o incluirá varios de los elementos conocidos de la metrópoli? Vivir en el campo puede significar diferentes cosas.Casa rural en madera moderna

A veces se trata solo de un sueño que nunca llega a concretarse. Se aplaza indefinidamente para un futuro que cada vez se aleja más del horizonte, ya que el sistema urbano despliega lazos que no todos logran cortar. Esto hace que en algunas ocasiones se apele a una solución mixta, como la de trabajar en la ciudad y disfrutar parte del día en el hogar situado en zonas rurales no demasiado alejadas o transcurrir allí fines de semana, días festivos y vacaciones. Esta modalidad se aplica con frecuencia a aquellos períodos de transición que median entre los últimos años de la edad productiva y la jubilación. Las familias con niños en edad escolar que buscan una vida más relajada, pero que no pueden prescindir por completo de los servicios educativos, médicos y de otro tipo que ofrece la ciudad, suelen vivir a medio camino, disponiendo así de los beneficios que le brindan ambas modalidades. Por lo general, aunque no exclusivamente, son los jóvenes quienes apuestan por un cambio más radical, instalándose en el campo y trabajando en el lugar.

A la hora de la mudanza, existen factores prioritarios a considerar. La generación de recursos económicos destaca entre las principales. Si bien es en las zonas urbanas, incluso en tiempos de crisis, donde las oportunidades laborales son más frecuentes, el ámbito rural también propone alternativas. Y si no aparecen a simple vista, hay que saber crearlas. El cultivo de productos ecológicos, la confección y venta de objetos artesanales, el cuidado de casas y jardines y los emprendimientos turísticos son algunas de las actividades más viables. Continuar con el desarrollo de los oficios que se desempeñaban en la ciudad, ofrecer servicios con los que no se cuente en el lugar y hasta trabajar a distancia y de manera independiente, si se dispone de una buena conexión a Internet, son también opciones válidas. No es necesario renegar absolutamente de las cosas positivas que proponen las grandes metrópolis, menos aún si se trata de proyectos que pueden llevarse a cabo en el campo, obteniendo dinero para la subsistencia. Es importante tener en cuenta estas ideas, adaptarlas al contexto y utilizarlas a favor.

La vivienda es otro de los temas fundamentales. No solo porque se trata de un núcleo primordial alrededor del cual se organiza la vida, sino, además, porque en este caso representa un símbolo del cambio deseado y concretado. Una casa rural no es cualquier casa, sino un emblema del anhelo largamente acariciado. Junto al entorno verde, bucólico y de aire puro, su imagen encarna la meta al final del camino.

Una de las características distintivas de las casas de campo es la importancia que se les otorga a los materiales propios de la zona. Así, las construcciones de casas de madera y piedra, que mantienen la armonía con el paisaje y la naturaleza circundante, suelen incorporar porches de madera o pergolas que se convierten en cálidos y acogedores refugios donde transcurrir la nueva existencia. Por lo general se conciben propuestas rústicas, funcionales y sencillas en las que las chimeneas tradicionales y los sólidos muebles de madera se unen a detalles decorativos regionales. Se busca, además, la conexión fluida de la vivienda con el espacio exterior, ya que disfrutar del sol, el agua y la brisa es un privilegio que se alcanza al vivir en el campo. Las opciones de diseño son múltiples, respondiendo a los gustos, necesidades y posibilidades de sus dueños, aunque la sensación de calma y equilibrio con el medio ambiente es un don garantizado, cualquiera sea el estilo arquitectónico desarrollado.